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    Buenas intenciones y miopía histórica

    Publicado el lunes 29 de diciembre del 2008
    Buenas intenciones y miopía histórica
    ARMANDO GONZALEZ

    Con el advenimiento de una nueva administración en Washington, no debe
    sorprendernos el esfuerzo incipiente de políticos, cabilderos y
    periodistas por un cambio de política con respecto a Cuba que comience
    con la terminación del embargo comercial en vigor por más de cuatro
    décadas (observen que, tratando de usar buen castellano, no dije 'el
    `levantamiento' del embargo''). La mayoría de los proponentes de esta
    política, estadounidenses y cubanoamericanos, son gente bien
    intencionada en mi opinión. Otros proponen el cambio por puros
    propósitos comerciales. A estos el bienestar de los cubanos en la isla
    les importa un bledo.

    Para los que, como yo, no vemos las ventajas de una simple terminación
    unilateral del embargo, nos desalienta la ingenuidad del argumento
    principal del otro lado: ''Es una política fracasada que no ha logrado
    su objetivo: la caída del régimen''. Esa lógica simplista, ingenua,
    asume que cualquier otra cosa que siga la terminación del embargo será
    mejor que lo que tenemos ahora. Me recuerda a aquellos que, en la Cuba
    de finales de la década de 1950, justificaban su oposición al régimen de
    Batista con lógica ingenua y bien intencionada: “Nada será peor que lo
    que tenemos ahora''.

    Otro argumento es aun más ingenuo: ''La habilidad de los estadounidenses
    que visiten Cuba de promover un mejor entendimiento, promover a negocios
    pequeños y darles información a los cubanos''. Esta es una cita de un
    reciente reporte citado en The Miami Herald.

    Lo que hace de este ingenuo argumento una garrafal tontería es que la
    dictadura castrista, que lo controla todo, ha tenido buen cuidado de que
    los turistas extranjeros tengan contactos muy limitados con los cubanos.
    Los hoteles y otras atracciones turísticas han sido construidos en
    lugares aislados, son controlados por el aparato de seguridad castrista
    y, a pesar de un reciente pronunciamiento demagógico de Raúl Castro,
    están fuera de los límites del cubano de a pie. Además de esto, el
    turista estadounidense típico no habla español y, de acuerdo a la Ley 88
    de 1999, a los cubanos les está terminantemente prohibido el recibir
    literatura alguna de los turistas.

    Más aún, ¿qué les hace pensar a los bien intencionados antiembargo que
    los turistas estadounidenses van a lograr resultados diferentes a los
    millones de turistas canadienses, europeos y latinoamericanos que han
    visitado Cuba en los últimos veinte años?

    Pero hay otro aspecto de este asunto, el aspecto continental, que
    debiera preocupar a los bien intencionados antiembargo. El Dr. Jaime
    Suchlicki, director del Instituto para Estudio Cubanos y Cubano
    Americanos de la Universidad de Miami, ha sido uno de sus máximos
    exponentes.

    Desde finales de la década de 1970 (Ford/Carter), la política de Estados
    Unidos hacia América Latina ha enfatizado democracia, derechos humanos y
    gobierno constitucional. Ronald Reagan intervino en Granada, Bush Sr. en
    Panamá, Clinton en Haití, y en cada intervención el propósito fue
    restaurar gobiernos electos. Además, Estados Unidos ha prevenido golpes
    militares y ha apoyado la voluntad popular en elecciones libres.

    Siendo esta la política establecida, la normalización de relaciones con
    una dictadura militar totalitaria enviaría un mensaje nefasto al resto
    del continente: que el militarismo es bienvenido de nuevo a la región y
    que gobiernos populistas, que a través de elecciones fraudulentas se
    perpetúan en el poder, son también bienvenidos. El apoyo a regímenes y
    dictadores que violan derechos humanos y abusan de sus pueblos es una
    política moralmente errónea que provocaría mas abusos tanto en Cuba como
    en América Latina.

    Es también un mensaje peligroso para los enemigos de Estados Unidos en
    el continente (Chávez, Ortega, Correa, Morales y otros). Para esos,
    nacionalización de propiedades de estadounidenses sin compensación, uso
    de su territorio para emplazar armamentos nucleares apuntados a Estados
    Unidos y apoyo a grupos terroristas antiestadounidenses sería atractivo
    porque, eventualmente, Estados Unidos ''perdonará y olvidará'' y los
    favorecerán con turismo, inversiones y ayuda económica. Esto se hace aun
    más peligroso cuando Irán esta penetrando América Latina, Rusia hace
    alardes navales y China reparte créditos a diestra y siniestra.

    Otro aspecto de la ingenuidad antiembargo: al igual que en la década de
    1990 cuando, siguiendo el desplome del mundo comunista, Cuba atravesó
    momentos más difíciles que de costumbre, Fidel Castro introdujo algunos
    cambios positivos. Una vez que la economía cubana logró algo de
    recuperación, Castro dio marcha atrás y lo poco positivo desapareció
    hasta el día de hoy. La terminación unilateral del embargo traería
    espejismos similares, esta vez iniciados por Raúl Castro. Una vez
    atravesado el vendaval económico que es la economía cubana, Raúl daría
    marcha atrás y volvería a territorio más confortable para su naturaleza
    dictatorial.

    Tanto el embargo como las restricciones de viajes y envíos deben
    terminar a través de negociaciones entre ambos gobiernos que resulten en
    concesiones políticoeconómicas reales cuando un gobierno genuinamente
    democrático impere en la isla.

    Lo demás es una soberana tontería.

    agonzalez@miamiherald.com

    http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/columnas_de_opinion/story/347567.html

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