Ley Mordaza – Gag Law
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    Disidentes relatan condiciones del presidio político en Cuba

    Publicado el sábado, 07.31.10
    Disidentes relatan condiciones del presidio político en Cuba
    Por FABIOLA SANTIAGO
    fsantiago@MiamiHerald.com

    Sopa de cáscara de plátano. Un grasiento y amarillento sebo de res sin
    sabor como acompañamiento. Un potaje "de jirafa," así nombrado porque
    "se te estira el cuello de tanto buscar a ver qué tiene dentro." Ojos,
    orejas y otras partes no identificables servidas como el plato principal.

    La comida, conocida como patipanza, es uno de los platos típicos que se
    sirven en las cárceles cubanas, según los presos políticos liberados y
    expatriados a la capital española bajo un acuerdo negociado por la
    Iglesia Católica y el gobierno español.

    "No se molestaban ni en sacarle los pelos y tenía tremenda peste'',
    declaró Mijail Bárzaga, de 43 años, quien pasó siete años en las
    cárceles cubanas.

    En El Pitirre, una prisión de La Habana donde pasó dos años, la comida
    era más aceptable que en otras, relató Bárzaga, pero las porciones de
    arroz, picadillo aguado y chícharos se iban haciendo cada vez más pequeñas.

    "Los guardias nos robaban lo que nos tocaba a nosotros, se lo robaban a
    la Dirección de Prisiones para darle de comer a sus familias y para
    venderlo en el mercado negro," dijo Bárzaga. "Robarle a un ser humano en
    prisión, donde no puede hacer nada, eso es denigrante, el punto bajo de
    la humanidad."

    Frecuentemente había suciedad en el fondo de las cazuelas.

    En otras ocasiones encontraron gusanos y otros bichos en la comida.

    "Kafka no pudo escribirlo peor'', indicó Ricardo González Alfonso, un
    periodista independiente condenado a 20 años tras su arresto en la
    Primavera Negra del 2003.

    Dos de los presos liberados en España –José Luis García Paneque y
    Normando Hernández– sufren de graves enfermedades debido a la
    desnutrición y el confinamiento. Lo mismo le sucede a Ariel Sigles
    Amaya, un saludable atleta cuando fue detenido en el 2003, confinado
    ahora a una silla de ruedas. Traído de La Habana a Miami esta semana
    para tratamiento médico, Sigler está siendo tratado en el Jackson
    Memorial Hospital.

    En Madrid, casi todos los ex presos entrevistados por The Miami Herald
    dijeron haber sufrido de algún tipo de problema digestivo severo. Uno
    está bajo atención psiquiátrica porque sufrió un grave episodio de
    estrés post traumático en el hostel donde algunos de los cubanos fueron
    albergados temporalmente en un suburbio industrial de Madrid.

    Según organizaciones de derechos humanos –como Amnistía Internacional y
    Naciones Unidas, que llevan años monitoreando las cárceles cubanas– las
    condiciones han sido duras e inhumanas durante los 51 años del régimen
    de los hermanos Castro.

    El gobierno cubano, sin embargo, desmiente las alegaciones de abusos y
    en el 2004 patrocinó un recorrido de los medios de comunicación sin
    precedentes por ciertas partes del Combinado del Este. Fotos
    distribuidas por Getty Images muestras reclusos bien alimentados y bien
    vestidos (camisas blancas y pantalones azules) con tenis nuevos, tomando
    clases en computadoras, participando en actividades al aire libre y
    albergados en galeras bien ventiladas.

    Pero los presos recién liberados –la mayoría de ellos periodistas
    independientes que fueron a la cárcel por haber recogido hechos sobre
    sobre la vida en Cuba y publicarlos en el exterior– describen un cuadro
    muy diferente. Su detalladas narraciones de primera mano apoyan las
    acusaciones de abusos, corrupción e instalaciones insalubres.

    Los ex presos, acusados de conspirar contra la seguridad del Estado por
    haber reportado sobre eventos en Cuba y condenados a entre 15 y 27 años
    tras juicios sumarios, fueron mantenidos en instalaciones de máxima
    seguridad junto con delincuentes empedernidos.

    Detenidos el 18 y 19 de marzo del 2003 en una masiva ola represiva en
    toda la isla, los hombres fueron a la cárcel bajo la Ley 88, conocida
    con la ley mordaza, que le permite al gobierno encarcelar a cualquiera
    sospechoso de participar en actividades que las autoridades perciban
    como lesivas a la soberanía de Cuba.

    Todos fueron llevados a cárceles a cientos de millas de sus familias y
    lugares de residencia, en un país donde la mayoría de los habitantes no
    tienen carro y el transporte público está saturado o ni siquiera existe
    en los pueblos rurales.

    Según los presos, tenían que hacer sus necesidades en huecos en el suelo
    de sus pequeñas celdas que se desbordaban tras lluvias torrenciales.

    En las celdas habían ratas, cucarachas y escorpiones, dijo Julio César
    Gálvez.

    Y justo cuando los presos y sus familias se iban ajustando a una
    prisión, eran trasladados a otra.

    "A mí me trasladaban constantemente de prisión a prisión a lugares
    remotos donde mi familia no podía venir a visitarme'', relató José Luis
    García Paneque, un cirujano plástico que era un hombre corpulento de 190
    libras cuando fue enviado a la cárcel y en la actualidad apenas pesa 101
    libras.

    Paneque toma una libreta de notas de un reportero y hace un dibujo de
    una de sus celdas en la prisión: un agujero en el suelo que sirve de
    inodoro y ducha, un vertedero con un grifo que sólo se activaba unos
    minutos al día, una cama de metal con una delgada colchoneta de espuma
    de goma.

    Casi podía tocar las paredes si estiraba los brazos, dijo.

    "Todas las celdas son iguales: pequeñas y sin ventanas'', relató.

    Las celdas de confinamiento, que se usan para castigar a los presos, son
    incluso peores.

    "El encierro en celdas solitarias es el trato más cruel e infrahumano,
    el castigo más cruel que se le puede aplicar al ser humano'', expresó
    Paneque.

    Estar entre delincuentes significaba una amenaza, pero los prisioneros
    políticos dijeron que se ganaron el respecto de los presos comunes al
    explicarles porqué estaban en la cárcel.

    "Les dimos una educación política y nos ayudaron'', comentó Bárzaga.

    Cuando llegó por primera vez a una prisión en Villa Clara, agregó
    Bárzaga, no había disponibles utensilios para comer. Los presos comunes
    –los que están en la cárcel por delitos comunes, en vez de políticos–
    le fabricaron una cuchara de una lata y una taza de una botella de agua
    plástica que cortaron.

    Algunos de los presos comunes ayudaron a los presos políticos a sacar de
    contrabando cartas y documentos donde denunciaban las condiciones en que
    vivían.

    Los presos políticos también fueron testigos de cómo los presos comunes
    reaccionaban a medidas drásticas, enfermándose a sí mismos
    –prendiéndole fuego a las colchonetas y enrrollándoselas por encima,
    cortándose los ojos– para llamar la atención de un guardia para que lo
    enviara a la enfermería.

    "Yo vi a un prisionero inyectarse excremento en las venas. Eso nadie me
    lo dijo, eso lo vi yo con mis ojos'', declaró Omar M. Ruiz Hernández.
    "Se cosen la boca con alambre. Lo hacen para protestar las condiciones o
    por algo que les pertenece y no le dan''.

    A pesar de las condiciones insalubres y la mala comida, la parte más
    dura en la prisión eran los efectos psicológicos de estar confinado.

    Las visitas familiares y las llamadas telefónicas eran escasas y se
    suspendían de forma arbitraria. Las cartas se las entregaban a los
    presos tres o cuatro meses de haber sido escritas. Varios presos
    hicieron huelgas de hambre para protestar por los maltratos.

    Dos de los ex prisioneros, Léster González, de 33 años, y Pablo Pacheco,
    de 40 años, dijeron que lograron sacar de la prisión diarios que
    trajeron a España y esperan poder publicar.

    Con la ayuda de amigos en el exterior, Pacheco publicó el blog "Voces
    tras las rejas''. De forma periodística tradicional, Pacheco atribuye su
    información a "este reportero en cautiverio'' (él mismo) o a "varios
    reclusos que presenciaron [lo que él reporta]'' sobre la sobrepoblación
    en Canaletas, un caso de tuberculosis, un prisionero que se automutiló
    después de que se le negó atención médica y casi muere desangrado en su
    celda. Pacheco también escribió cómo las autoridades le quitaron un
    equipo de música y fotos familiares que su esposa le llevó, y cómo no se
    le permitió asistir a un concierto que el trovador Silvio Rodríguez dio
    en la prisión.

    Para algunos, la sentencia de cárcel significó el fin de relaciones
    amorosas y amistades.

    "La madre de mi hija vino a verme para decirme que se había terminado
    nuestra relación'', afirmó Léster González. "Se me jodió toda la vida.
    Me sentí perdido, quería morirme''.

    Esa noche, un guardia estuvo apostado frente a su celda, ya que lo
    colocaron en una alerta de suicidio durante un tiempo.

    Omar Rodríguez, periodista gráfico cuyas fotografías muestran una Habana
    en ruinas y sus habitantes viviendo en una terrible pobreza, usó su
    sabiduría callejera para sobrevivir en la cárcel. Rodríguez cumplía una
    sentencia de 27 años por fundar una agencia de noticias en La Habana.

    Para sobrevivir, dijo Rodríguez, había que relacionarse con los guardias
    "con dignidad''.

    "A todos los traté como personas sufridas de un pueblo'', indicó
    Rodríguez. "Nunca les dirigí lo que me dirigieron a mi: odio''.

    http://www.elnuevoherald.com/2010/07/31/v-fullstory/775041/disidentes-relatan-condiciones.html

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