Ley Mordaza – Gag Law
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    El Papa visitará Cuba, ¿y qué?

    Papa, Benedicto XVI, Católica

    El Papa visitará Cuba, ¿y qué?

    La imagen de Juan Pablo II y estrechándose las manos
    simbolizó en su momento el acercamiento entre la Iglesia y el régimen cubano

    Abel German, Valencia | 04/01/2012

    El papa Benedicto XVI visitará Cuba entre el 26 y el 28 de marzo
    próximos. La significación de esta visita en el marco de lo
    específicamente religioso es obvia, por eso prefiero referirme a la que
    puede tener (o no) más allá o al margen de ese contexto. De ahí la
    pregunta del título.

    La planteo, pues, solo como soporte para analizar desde esa otra
    perspectiva un hecho que se presenta —a juzgar por lo que dijo Monseñor
    José Félix Pérez, secretario ejecutivo de la Conferencia de Obispos de
    Cuba— "como una continuidad de la visita de Juan Pablo II" que se
    produjo entre el 21 y el 25 de enero de 1998.

    Si queremos entender la entidad de tales eventos —el de entonces y el
    que se avecina— y aventurar una respuesta a mi pregunta, debemos
    observar esos casi tres lustros que, si se cumple el tiempo del
    propósito papal, deberán mediar entre uno y otro.

    En aquel ya lejano enero llegó a Cuba un papa aureolado por algo más que
    una supuesta santidad: su contribución a la caída del comunismo. Según
    algunos lo que prendió la mecha de los acontecimientos que cambiaron el
    panorama político de Europa del Este quizá no fue la perestroika, sino
    el mensaje de Juan Pablo II "No tengáis miedo". Mensaje que pronunció en
    su Polonia natal, pocos meses después de su nombramiento, exactamente en
    junio de 1979. Luego de esa visita nunca nada volvió a ser igual en ese
    país y, en cierta medida, en el conjunto de Europa. Al año siguiente ya
    Solidaridad era la esperanza indiscutible de los ciudadanos que se
    hallaban sometidos bajo el mismo bloque, y diez años después el
    comunismo polaco se vino abajo, arrastrando consigo a los demás.

    ¿Por qué entonces el régimen cubano ha soportado la sacudida papal
    durante estos años? No, no voy a intentar responder del todo un
    interrogante de tan amplio espectro. Necesitaría un espacio y un tiempo
    que no tengo. Diré solamente que, si se mira bien, tampoco en Cuba las
    cosas han seguido igual desde aquella visita. Y no me refiero solo al
    restablecimiento de la celebración de la Navidad y a los espacios que la
    Iglesia ha en la escena isleña, que también. Quiero decir que ha
    habido , sí, pero no del calado ni en el sentido de aquellos que
    transformaron a Europa.

    Y aunque no respondamos plenamente la pregunta, algo podemos y debemos
    decir. Si se recuerda, una de las imágenes históricas más divulgadas de
    aquel entonces no fue la del Sumo Pontífice repitiéndole a los cubanos
    el mensaje que casi veinte años atrás había trasmitido a los polacos,
    sino la de éste y Fidel Castro estrechándose las manos. Dicho de otro
    modo: la del régimen cubano y la Iglesia acercándose, con respeto,
    decididos a limar las asperezas pasadas. O lo que es lo mismo: la del
    régimen decidido a reconducir esas relaciones para neutralizar el
    peligro del "peligroso" Papa.

    ¿No fue eso lo que hizo el gobernante cubano al halagar al papa
    presentándolo como el "ángel de los pobres" y convocar al pueblo,
    "creyentes y no creyentes", para que participasen en el recibimiento?
    ¿No fue eso lo que significó la misa en la llamada Plaza de la
    Revolución, con un Cristo flanqueado por un Che y un Martí? ¿No fue eso
    lo que significó que se suspendiesen las actividades laborales sin
    afectar el salario para que todos acompañasen al Santo Padre? El astuto
    Fidel Castro tomó la iniciativa y convocó al pueblo para que hiciese lo
    que él sabía que habría hecho con o sin su anuencia, y así logró que
    éste, la Iglesia y el régimen navegasen a favor de la corriente, sin
    riesgo de que se produjese ningún naufragio. Y, visto lo visto, lo logró.

    Es cierto que a su llegada, aún en el , el Santo Padre pidió
    que el mundo se abriese a Cuba pero que también Cuba se abriese al
    mundo. Es cierto que dijo: "Ustedes son y deben ser los protagonistas de
    su propia historia personal y nacional". Y que añadió: "Quiera Dios que
    esta visita que ahora comienza sirva para animarlos a todos en el empeño
    de poner su propio esfuerzo" para alcanzar sus "aspiraciones y legítimos
    deseos". Pero en conjunto no fue una visita hostil hacia el régimen y,
    como se vio, tampoco a la inversa. Al contrario.

    A partir de ahí el régimen abrió las filas de su partido a los creyentes
    "revolucionarios", autorizó que de nuevo los cubanos pudiesen celebrar
    la Navidad y, en general, se tornó más flexible respecto de las
    actividades y los espacios de la Iglesia. Y, más recientemente, incluso
    la Iglesia fue utilizada como mediadora para la excarcelación de presos
    políticos que, en su casi totalidad, fueron deportados con la
    connivencia del de España.

    Lo que nos lleva a una conclusión inevitable: la visita de Juan Pablo II
    a Cuba propició un acercamiento de la Iglesia y el régimen. Y éste,
    entretanto, elaboraba (por solo citar un ejemplo) la Ley 88, Protección
    de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, definida como "Ley
    Mordaza", en virtud de la cual muchos cubanos vienen sufriendo acoso,
    cárcel y desde su promulgación, solo un año después de la visita.

    ¿Qué cabe esperar entonces de la del nuevo Papa, a quien hasta ahora no
    se le puede atribuir ningún "milagro" político, excepto que consideremos
    como tal su papel en el hecho de que Juan Pablo II pidiese disculpas por
    lo mal que los católicos lo hicieron durante el Holocausto, y que en
    1998 se concibiese la encíclica "Nosotros recordamos", también en pro de
    la reconciliación con los judíos?

    Ojalá que al menos se logre ese "gran gesto" pedido por el cardenal
    hondureño Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, y el régimen libere a los
    más de sesenta prisioneros políticos que aún quedan en las cárceles de
    la Isla. Algo poco probable después del indulto de 2.900 prisioneros en
    diciembre, de los cuales, según la CCDHRN, solo unos siete eran políticos.

    Y la respuesta que configuran algunas de las opiniones que se han ido
    suscitando dentro de Cuba tampoco parece ir por ese lado. Por el lado de
    la redención política, quiero decir. Se supone que ayudará a que la fe
    de los cubanos se fortalezca; a que muchos tengan una mayor sensación de
    paz y de espiritualidad; a que se produzca un momento de aparente
    reconciliación y a que, en general, la gente sienta que está más cerca
    de sus raíces. O sea, a que Cuba oprimida —como diría Karl Marx— suspire[1].

    La cuestión es: ¿eso es bueno?

    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-papa-visitara-cuba-y-que-272504

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