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    Las voces cautivas de Cuba y Venezuela

    Las voces cautivas de Cuba y Venezuela
    En cambio los autócratas de la nueva ola gustan al igual que sus pares
    castrense censurar e intimidar a los periodistas y los medios, pero su
    objetivo final es controlar la información para que la censura sea
    permanente y temporal.
    Pedro Corzo
    octubre 16, 2013

    Todos los déspotas, sin importar ideología o procedencia, son más
    enemigos de la libertad de prensa y de expresión que de los sectores que
    se les oponen, porque son conscientes que la información libre es el
    factor que más perjudica sus propósitos de conservar el poder e imponer
    su voluntad.

    Las dictaduras militares que ensombrecieron América Latina en el pasado
    siglo XX practicaban la censura de los medios de información para evitar
    que se divulgaran las violaciones a los derechos humanos en que
    incurrían con regularidad, pero esas restricciones eran temporales y
    cuando la censura era levantada, los medios publicaban las noticias que
    habían sido represadas por el régimen.

    En cambio los autócratas de la nueva ola gustan al igual que sus pares
    castrense censurar e intimidar a los periodistas y los medios, pero su
    objetivo final es controlar la información para que la censura sea
    permanente y temporal.

    El control o la ausencia de las libertades de expresión e información es
    una práctica casi constante en América Latina aun por gobiernos que han
    sido electos por sus pueblos y cuenta con la legitimidad del voto, hay
    que reconocer que Cuba es una excepción porque en ese país todos los
    medios fueron confiscados y cincuenta y cuatro años después, permanecen
    bajo el control absoluto del gobierno.

    Gobiernos como los de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y
    Argentina, entre otros, procuran legalmente imponer restricciones que
    limitan la capacidad de informar y en consecuencia el derecho del
    ciudadano de estar informado.

    Los presidentes de estos países son censores de oficio. Prestan a los
    medios una particular atención porque rechazan admitir que se divulgue
    información que refute la oficial.

    La situación de Cuba es muy singular. La censura en la isla es total.
    Los medios están controlados y los periodistas de esas entidades hay que
    calificarlos de oficiales, porque no tienen la potestad de investigar o
    elaborar un trabajo que no haya sido previamente sometido a la censura,
    de ahí que en la isla de los Castro haya surgido un periodismo
    independiente que implica grandes riesgos para los hombres y mujeres que
    lo practican.

    En Venezuela, desde que el desaparecido Hugo Chávez accedió al gobierno,
    la independencia de los medios de información ha sido severamente
    restringida, situación que se ha incrementado bajo el mandato de Nicolás
    Maduro, que al no tener el control de Chávez sobre sus partidarios y
    aliado, tampoco su popularidad, va hacia un proceso de radicalización y
    concentración de poderes con el objetivo de continuar tutelando los
    destinos del país.

    Maduro, imitando una disposición sobre la prensa emitida por la
    dictadura cubana en 1999, Ley 88 de Protección de la Independencia
    Nacional y la Economía de Cuba, recientemente creó el Centro Estratégico
    de Seguridad y Protección de la Patria, “una entidad que tendrá la
    autoridad de declarar de carácter reservado, clasificado o de
    divulgación limitada cualquier información, hecho o circunstancia con el
    fin de preservar la seguridad nacional, así como también prever y
    neutralizar potenciales amenazas de enemigos internos o externos”.

    Si la Ley 88 de Castro dio fundamento para la tristemente famosa
    Primavera Negra de Cuba, en la que fueron arrestados entre otros
    activistas, decenas de periodistas independientes, el Cesppa de Maduro
    ya está prestando servicios invalorables al déspota venezolano.

    Por ejemplo el periodista Víctor Hugo Donaire fue arrestado por
    denunciar que agentes de la policía judicial venezolana conducían
    automóviles de lujo y usaba joyas llamativas y el responsable de un
    titular en el diario 2001 sobre la escasez de gasolina en la ciudad
    capital, puede ir a prisión porque la fiscalía de Venezuela, por
    solicitud presidencial, inició un proceso judicial porque considera que
    titulares como esos crean zozobra en la sociedad.

    El que la censura se sostenga sobre una legislación no la hace menos
    perjudicial al disfrute del ciudadano de sus libertades básicas.

    Lo que acontece en Cuba y Venezuela y amenaza con suceder en otros
    países del continente, es un mal que demanda acciones enérgicas por
    parte de los afectados, pero también la solidaridad activa de todo
    ciudadano libre porque la globalización no solo se expresa en el
    comercio y el desarrollo tecnológico, también se expresa en la capacidad
    que tienen los dictadores en coordinar esfuerzos y estrategias para que
    el ciudadano se transforme en un siervo que deber servir fielmente a
    quien se ha convertido en su amo.

    Source: “Las voces cautivas de Cuba y Venezuela” –
    http://www.martinoticias.com/content/opinion-pedro-corzo-voces-cautivas-de-cuba-y-venezuela/28460.html

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