Ley Mordaza – Gag Law
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    Se acerca el fin de la autocracia en Cuba?

    ¿Se acerca el fin de la autocracia en Cuba?
    LA HABANA.- Creo entender el descontento de un sector importante de los
    cubanos en el y dentro de la disidencia interna. El 17 de
    noviembre, justo un mes antes del trascendental giro diplomático entre
    Cuba y Estados Unidos, charlaba en Brickell, Miami, con un señor que me
    explicaba sus razones para odiar a los hermanos Castro. Ese día, una
    fina lluvia caía sobre Miami. El frío cortante no era la bienvenida que
    uno espera recibir en la pujante Ciudad del Sol. El hombre había perdido
    mucho. En 1959, su padre fue fusilado en un juicio sumario en la
    Fortaleza de La Cabaña por orden de Ernesto Che Guevara. Su “delito”,
    haber sido oficial de la policía de Batista.
    Cuba | 23 de Diciembre de 2014

    LA HABANA.- IVÁN GARCÍA / ESPECIAL

    Creo entender el descontento de un sector importante de los cubanos en
    el exilio y dentro de la disidencia interna.

    El 17 de noviembre, justo un mes antes del trascendental giro
    diplomático entre Cuba y Estados Unidos, charlaba en Brickell, Miami,
    con un señor que me explicaba sus razones para odiar a los hermanos
    Castro. Ese día, una fina lluvia caía sobre Miami. El frío cortante no
    era la bienvenida que uno espera recibir en la pujante Ciudad del Sol.

    El hombre había perdido mucho. En 1959, su padre fue fusilado en un
    juicio sumario en la Fortaleza de La Cabaña por orden de Ernesto Che
    Guevara. Su “delito”, haber sido oficial de la policía de Batista.

    “No había cometido ningún crimen. No torturó a ningún miembro del
    Movimiento 26 de Julio. Fue fusilado sólo por revancha política y odio
    del revolucionario de . Luego fusilaron a un tío
    mío que estuvo alzado en el Escambray [montañas

    en el centro de la isla]. Y muchos amigos y parientes estuvieron presos,
    en condiciones infrahumanas, sólo por pensar diferente”, rememoraba con
    lágrimas en los ojos.

    En uno de los pabellones de la Feria Internacional del Libro de Miami,
    Héctor Carrillo, productor de Radio Martí, me contó que su padre,
    arquitecto notable, perdió todas sus propiedades y una noche de otoño
    murió lejos de la patria que lo vio nacer.

    Su “pecado”, haber creado riquezas y diseñado espacios arquitectónicos
    que una vez hicieron de La Habana una ciudad cosmopolita. Carrillo nació
    en Estados Unidos, pero se siente cubano. Come negros y toma
    café al estilo criollo.

    El crítico de cine Alejandro Ríos, un emigrado más reciente, que
    probablemente no perdió a ningún familiar en un paredón de fusilamiento
    o una ergástula castrista, también tiene sus demonios a cuestas. Creció
    y se hizo hombre en un barrio habanero,

    desayunando café sin leche y con una madre que zurcía los calcetines
    viejos de su padre para que sus hermanos fueran a la escuela.

    A diferencia de los anteriores compatriotas, la mayoría de los hijos de
    los dirigentes de la revolución crecieron como bon vivants verde olivo.
    Comodidades y diversión a su alcance. Cuando en los años noventa, la
    gente sufría desnutrición y apagones de 12

    horas diarias, los parientes de la nomenclatura seguían tomando whisky
    escocés, acostándose con prostitutas de lujo y pescando en yates. Pero
    eso no impidió que algunos sufrieran el despotismo de Raúl Castro.

    Cuatro generaciones que han llegado a la disensión contra los Castro por
    caminos diferentes, y con narrativas diferentes, apuestan por un futuro
    democrático para Cuba.

    Lo más importante no es cuál criterio debe prevalecer. En estos 56 años,
    todos, de una forma u otra, hemos perdido algo. Desde nuestra condición
    de hombres libres a la irrelevancia ciudadana.

    Nunca el Gobierno nos pidió permiso a la hora de trazar sus
    descabelladas políticas. Siempre debimos aceptar, sin chistar, sus
    estrategias: alumnos obligados a trabajar en el campo, guerras
    africanas, linchamientos verbales hacia las personas que se

    marchaban de Cuba y campañas sistemáticas contra los “enemigos del
    pueblo”. Desde entonces han pasado nada más y nada menos que diez
    administraciones de la Casa Blanca.

    Pregúntele a cualquier cubano si no aplaudió las promesas e ilusiones de
    un tramposo y si no se siente engañado.

    Las nuevas políticas del Barack Obama no van cambiar la
    mentalidad rabiosamente totalitaria de la camada de ancianos que rigen
    nuestros destinos. Pero tiene varios Caballos de Troya.

    Estados Unidos necesitaba quitarse ese lastre pesado y contraproducente
    de su política exterior. En el mundo suelen pedirle que los rediman o
    apoyen en su cruzada por la democracia.

    El gigante del Norte es un paradigma de libertades. Los generales
    mambises de la guerra de independencia solicitaron la ayuda
    estadounidense para librarse del colonialismo español.

    Washington piensa y actúa según sus intereses geopolíticos. Va a seguir
    apostando por la democracia y el respeto de los en el
    planeta, pero atrás quedó la etapa de las cañoneras o de instaurar
    sátrapas a su conveniencia.

    Las nuevas reglas de juego abren un abanico de opciones formidables para
    la disidencia en la isla que pueden ser aprovechadas. Ya el régimen no
    tiene a mano el pretexto de país acosado.

    Llegó la hora de que la oposición cubana pase a la ofensiva y trace una
    estrategia política coherente con lo que pide a gritos un segmento
    amplio de la población.

    Es el momento de exigir un lugar en el estamento político. La oposición
    tiene todo el derecho del mundo a postularse para gobernar. Sobre todo
    cuando en 56 años el castrismo socialista ha sido un desastre.

    La disidencia pudiera ondear como bandera política muchos temas que
    afectan a la ciudadanía. ¿Cómo puede justificar ahora el Gobierno los
    excesivos impuestos al trabajo privado? ¿O las prohibiciones a los cines
    3D y tiendas particulares?

    Hay coincidencia casi unánime entre los cubanos de que los precios en
    las tiendas por pesos convertibles son absurdos y exagerados para una
    población laboral que, como promedio, devenga un salario de 20 dólares
    mensuales.

    Sí, existe un de Estados Unidos. ¿Pero por qué no debatir sobre
    el bloqueo interno a la creatividad, , política y
    económica de nuestra sociedad?

    ¿Bajarán los precios de ciencia ficción de los autos en venta? ¿Dejará
    de costar cinco dólares una hora de navegación por internet? ¿Se
    eliminarán los irracionales impuestos y cobros aduaneros?

    ¿Se derogará la tenebrosa ley mordaza, que estipula sanciones de hasta
    30 años cárcel a disidentes y periodistas libres?

    Ahora la disidencia puede, sumándose al clamor de la mayoría, ser una
    caja de resonancia y obligar al Estado a elevar los salarios de miseria,
    autorizar sindicatos independientes, derecho a huelga y permitir la
    libre contratación y el pago directo en las

    empresas extranjeras.

    Si entra en sintonía con el sentir del cubano de a pie, la disidencia
    sumará adeptos y ganará espacios. Es muy probable que el Gobierno,
    todavía ebrio por el triunfo diplomático, no ceda y mantenga el control
    de los medios y el acoso a la oposición.

    Según el último discurso de Raúl Castro en la clausura del monocorde
    Parlamento Nacional, nada cambiará.

    El régimen no va a regalar nada. Nunca lo ha hecho. Ciertos derechos
    habrá que arrebatárselos.

    Source: ¿Se acerca el fin de la autocracia en Cuba? :: Diario las
    Americas :: Cuba –
    http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/2853987_se-acerca-el-fin-de-la-autocracia-en-cuba.html

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