Ley Mordaza – Gag Law
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    La Isla amordazada

    La Isla amordazada
    En la Cuba anterior existían más de sesenta periódicos, veinte canales
    de televisión, 106 estaciones de radio y decenas de revistas, boletines,
    etc., todos independientes. En 1960, hasta el último medio de prensa
    había sido intervenido por Fidel Castro
    martes, febrero 10, 2015 | Tania Díaz Castro y Frank Correa

    LA HABANA, Cuba. — Era evidente que necesitábamos una prensa libre,
    hombres y mujeres que defendieran los derechos humanos, que denunciaran
    arrestos, actos de repudios, hostigamientos, interrogatorios
    policiales, golpizas a través de actos de repudio, cronistas que
    narraran los derrumbes, los suicidios, la pereza estatal, las
    violaciones a la constitución, la falta de electricidad, de agua, la
    violencia en las calles para que no se olvide nunca y se recuerde
    cuando todo haya pasado, el empobrecimiento espiritual, la pérdida de
    valores y de tradiciones.

    Recordábamos que en la Cuba anterior existían más de sesenta periódicos,
    veinte canales de televisión, 106 estaciones de radio y decenas de
    revistas, boletines, etc., todos independientes. En 1960, hasta el
    último medio de prensa había sido intervenido por Fidel Castro. Cuba se
    convertía así en una nación amordazada.

    Por eso todo comenzó aquel día, 10 de diciembre de 1987, reunidos en el
    último cuarto de mi casa habanera, para grabar una Mesa Redonda que
    sería transmitida por la emisora Radio Martí días después.

    Lo menos que pensamos aquellos locos de remate fue que ese día
    acabábamos de abrir una fisura para que surgiera el periodismo
    independiente en la Cuba de Fidel Castro.

    Éramos muy pocos. El de la idea fue Ricardo Bofill. Rolando Cartaya
    servía de moderador. Cada uno de nosotros, principalmente Adolfo Rivero
    Caro, Reinaldo Bragado, Samuel Martínez Lara y Rafael Saumell,
    expusieron sus puntos de vista sobre lo que representa la dictadura
    totalitaria de Cuba con relación a la Carta Magna de los Derechos
    Humanos de las Naciones Unidas y reclamaban libertad de expresión y una
    sociedad democrática.

    Se trata, sin lugar a dudas, de un suceso sui géneris nunca visto en
    ningún otro país: el movimiento de periodistas independientes, personas
    formadas no en escuelas ni academias, sino en las prisiones, en
    estaciones de policía por desempeñar el oficio de informar, perseguidos
    en la calle mientras buscan la noticia, ciudadanos de los más variados
    orígenes y tendencias.

    Que en un país como el nuestro sugiera un periodismo libre, donde todos
    los medios de comunicación masiva eran y son dirigidos, financiados y
    fuertemente controlados por el Estado, parece cosa de un milagro
    sobrenatural. Sobre todo con una maquinaria represiva que no permitía ni
    un ápice de disidencia y crítica al régimen y mucho menos de oposición.

    Aquel 10 de diciembre de 1987, fue la primera vez que un grupo de
    cubanos, varios de ellos muy conocidos como periodistas, valoraron
    públicamente la situación de los Derechos Humanos bajo la dictadura de
    Fidel Castro.

    Un verdadero movimiento suigéneris, repetimos, donde aparecen políticos
    con sus plataformas programáticas, economistas que analizan en artículos
    periodísticos los comportamientos económicos del país y el resto del
    mundo, juristas defendiendo con su pluma pública al individuo más
    desprotegido.

    Al calor de aquellas iniciativas, Samuel Martínez Lara funda en enero de
    1989 el samizdat ¨Franqueza¨, integrado por miembros del Partido Pro
    Derechos Humanos de Cuba. Se trataba de un modesto periódico, escrito a
    máquina y compuesto por dos o tres cuartillas de papel dobladas. Es
    considerado pues como el primer medio independiente en 30 años de
    dictadura. Sólo pudieron distribuirse tres números. Sus integrantes,
    principalmente sus redactores, fueron condenados a prisión.

    Meses después, puesto que el instinto de libertad del hombre es
    invencible, surgieron agencias de prensa, asociaciones de periodistas y
    nombres que no deben olvidarse como Hubert Jerez, Indamiro Restano, Raúl
    Rivero, Ricardo González, María Elena Cruz Varela, Tania Quintero,
    Manuel Vázquez Portal, Jorge Olivera, Héctor Maseda, Vicente Escobal,
    Claudia Márquez Linares, Fara Armenteros y muchos otros.

    Eran los tiempos en que no contábamos con computadoras, ni celulares.
    Los teléfonos de muchos de los periodistas independientes permanecían
    cortados por la Seguridad del Estado.

    El escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez, tal como
    aparece en el prólogo del libro Un encuentro con Fidel, del periodista
    Gianni Miná, en 1988, definió así a la prensa oficialista: ¨Más parece
    hecha para ocultar que para difundir¨.

    Cierto.

    Los regímenes totalitarios se sostienen con la represión y el monopolio
    de los medios informativos. Como su economía y su política son siempre
    fatídicas, el periodismo que permiten es solo el oficialista, que está
    siempre condicionado por los dictámenes del Departamento Ideológico del
    Comité Central del PCC, preñado de parcialidad y sin visión objetiva,
    con noticieros sesgados por un marcado acento optimista, donde solo se
    resaltan sobre cumplimientos de planes de producción y servicios, donde
    el mundo anda patas arriba y el socialismo es el único camino posible.

    La prensa independiente cubana, cuyo mayor desarrollo ocurrió a partir
    de los años noventa del siglo pasado, puede catalogarse como algo único
    en la historia de las dictaduras totalitarias. Ni siquiera la
    desaparecida URSS contó con un movimiento similar, quizás porque el
    colapso de la dictadura soviética se produzco antes del desarrollo de
    internet.

    Fueron muchas las semillas para que surgiera su robusto árbol. No
    importa que en algún momento alguien lo viera torcido, cuando cuatro o
    cinco oportunistas se convirtieron en agentes de la policía política. El
    árbol, más fuerte que nunca, ni siquiera cayó al suelo cuando un gran
    número de colegas fueron a la cárcel. Era abril de 2003. Fidel Castro,
    cuando supo que una coalición de países, encabezada por los Estados
    Unidos invadía Irak, dio la orden de arresto de 75 de nuestros mejores
    disidentes y periodistas independientes, en cumplimiento con su
    draconiana Ley 88 o Mordaza.

    Después de aquellas bárbaras condenas, un valiente grupo de periodistas
    independientes continuó la tarea de los que permanecían en las prisiones.

    Han transcurrido casi treinta años de sus inicios. La prensa
    independiente está más fuerte que nunca.

    Source: La Isla amordazada | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/la-isla-amordazada/

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