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    El auge del periodismo libre en Cuba

    El auge del periodismo libre en Cuba
    Eran los años duros del régimen de La Habana. Internet estaba en pañales
    y no existía la telefonía móvil. Los hermanos Castro controlaban la
    sociedad cubana con puño de acero
    CUBA | 08 de Septiembre de 2015
    IVÁN GARCÍA
    Especial

    Hace poco más de 25 años, un puñado de activistas de derechos humanos
    comenzaron a difundir reportes semanales que acusaban al Gobierno
    militar de Fidel Castro de vulnerar libertades políticas, económicas y
    de expresión en Cuba.

    Eran los años duros del régimen de La Habana. Internet estaba en pañales
    y no existía la telefonía móvil. Los hermanos Castro controlaban la
    sociedad cubana con puño de acero.

    Las noticias con retraso

    La isla vivía en otra dimensión. Muchos cubanos se enteraron que el Muro
    de Berlín lo echaron abajo, iracundos alemanes del este comunista, con
    dos meses de retraso.

    La invasión soviética a Afganistán, los asesinatos selectivos de la KGB
    o las huelgas del sindicato Solidaridad eran noticias proscritas en
    Cuba. El activismo disidente generó notas informativas y de denuncias.

    No se pueden olvidar los nombres de Ricardo Bofill, Rolando Cartaya,
    Marta Frayde, Roberto Luque Escalona, Reinaldo Bragado o Tania Díaz
    Castro, pioneros del periodismo de barricada.

    Luego llegaron otros. Surgieron grupos opositores de diferentes
    tendencias políticas que divulgaban reportes del estado de cosas en el
    país. Ya para la primera década de los años 90 comenzaron a surgir
    agencias de prensa independientes.

    Sólo en La Habana, a pesar de la represión y carencias materiales, se
    fundaron media docena de agencias. Algunos reporteros procedían del
    periodismo estatal o jóvenes con vocación y deseos de hacer carrera en
    el mejor oficio del mundo.

    Desde un principio fue un trabajo a dos bandas. Exiliados cubanos
    residentes en Miami, desde la retaguardia, grababan los textos por
    teléfono y posteriormente lo subían a primitivas páginas web: Rosa
    Berre, Carlos Quintela, Nancy Pérez Crespo, Juan Granados, Bernardo
    Marqués Ravelo y Jesús Díaz estaban entre ellos.

    Desde Cuba, casi un centenar de corresponsales que apostábamos por la
    democracia, semanalmente dictábamos nuestras informaciones y crónicas
    por teléfono. Quiero detenerme en un nombre: el poeta y periodista de
    Morón, Raúl Rivero Castañeda.

    Era la figura insigne del periodismo independiente. El más talentoso y
    reconocido. Un maestro. Cuando en la primavera de 2003 un iracundo Fidel
    Castro arbitrariamente mandó a detener 75 disidentes, entre los cuales
    se encontraban 27 comunicadores sin mordaza, con toda intención ordenó a
    sus sicarios encarcelar a Raúl Rivero.

    Según la lógica de Castro, si lograban descabezar al movimiento de las
    mujeres y hombres que desde varias provincias reportaban libremente, y
    con la oleada represiva conseguían imponer el terror, terminaría uno de
    los problemas que más preocupaba a un régimen que nos tildaba de
    ‘vendepatrias’. Y decía que éramos ‘mercenarios de la pluma que por un
    puñado de dólares desacreditábamos las proezas del socialismo fidelista’.

    Fue un golpe terrible. Pero ni la Ley 88, que todavía flota en el aire
    de la República y sanciona con 20 años de cárcel o más a un periodista,
    ni el encarcelamiento de 27 colegas en 2003, sepultaron el movimiento
    del periodismo independiente en Cuba.

    Todo lo contrario. En plena represión y con linchamientos verbales
    orquestados por la policía política contra opositores y periodistas
    libres, el auge de la prensa alternativa se desplegó con fuerza inusitada.

    En abril de 2007, Juan González Febles y Luis Cino Álvarez crearon el
    semanario Primavera Digital. Ese mismo año, Yoani Sánchez inició el
    camino de una blogosfera contestataria que se expandió como el fuego en
    un cañaveral.

    A las puertas del otoño de 2015, existen en Cuba diversas publicaciones
    al margen del control estatal. Alrededor de 200 periodistas
    independientes y comunicadores comunitarios cada semana publican en
    blogs, webs y periódicos extranjeros.

    El régimen ya no es dueño absoluto de la información. La opción del
    Gobierno ha sido la competencia. Decenas de periodistas oficiales
    escriben su visión de la sociedad cubana en blogs, webs, diarios y
    revistas online, nacionales o foráneas.

    Es más saludable dirimir puntos de vistas opuestos con la palabra
    (aunque a veces las descalificaciones ensombrecen el debate), que
    combatir las diferencias con golpizas y cárcel.

    Este brote de periodismo diverso es bien recibido. Pero apenas
    trasciende. El mínimo acceso a internet impide a los cubanos que
    desayunan café sin leche, leer las magníficas crónicas de periodistas
    libres como Luis Cino o María Matienzo. Tampoco las notas de Elaine
    Díaz, Michel Contreras y Carlos Alberto Pérez, periodistas y blogueros
    con autorización estatal.

    A la autocracia verde olivo le inquieta el trabajo por ‘la izquierda’ de
    algunos reporteros oficiales. Yuris Nórido y Jonah Díaz, entre otros,
    colaboran con medios de otros países. A pesar de su equilibrio y
    objetividad a la hora de redactar, son vistos con ojeriza por los
    talibanes castristas que diseñan las políticas informativas.

    Aunque oficialmente el Gobierno no ha abierto la talanquera, una pálida
    perestroika tropical asoma en el horizonte. Todavía la línea es muy
    tenue y nadie conoce a ciencia cierta sus fronteras.

    Pero al menos, desde hace un año, los servicios especiales no se
    molestan en citar a periodistas disidentes reconocidos ni los amenazan
    con enjuiciarlos por difamación para justificar su intolerancia.

    En esta carrera de obstáculos, unos y otros -incluido Fernando Ravsberg,
    ex corresponsal de la BBC y realizador del sitio Cartas desde Cuba-,
    presentan la imagen de la isla que prefieran. El freno para los
    ‘periodistas independientes oficiales’ sigue siendo el Estado.

    Ya el coronel Rolando Alfonso Borges, jefe del tenebroso departamento
    ideológico del comité central del Partido Comunista, en una asamblea
    celebrada el 17 de mayo en la Unión de Periodistas de Cuba, lanzó una
    advertencia a los reporteros estatales que colaboran en medios
    extranjeros sin el consentimiento del régimen.

    Ojalá que su reproche sólo sea una amenaza verbal.

    Source: El auge del periodismo libre en Cuba :: Diario las Americas ::
    Cuba –
    http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3323683_auge-periodismo-libre-cuba.html

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