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    La saga de Back Channel to Cuba – Lecciones para negociar el futuro

    La saga de Back Channel to Cuba: Lecciones para negociar el futuro
    Posted on 1 septiembre, 2015
    Por Miguel Fernández Díaz

    Ya se anunció que saldrá en octubre la edición revisada (Universidad de
    Carolina del Norte, 2015) del libro Back Channel To Cuba, que sus
    autores Peter Kornbluh y William LeoGrande pregonan con revelaciones del
    penúltimo capítulo de negociaciones secretas entre Washington y La Habana.

    Estas revelaciones pudieran concatenarse con otros episodios del
    problema cubano para repasar una lección histórica que la oposición
    pacífica no acaba de aprender, a pesar de haberla tenido muy clara la
    oposición violenta, tal como resumió Orlando Bosch: “Sólo la fuerza
    convida al diálogo [y] el diálogo a las concesiones” (Los años que he
    vivido, New Press, 2010).

    Desde el juicio a Los Cinco (espías) en 2001 se columbró un canje de
    prisioneros, pero Cuba no tenía equivalentes. A fines de 2008 Raúl
    Castro visitó Brasil y largó la propuesta de canje por los reos de la
    Causa de los 75, que Washington rechazó de plano. Para el verano
    siguiente, obispos estadounidenses abogaron en La Habana por “gestos que
    vayan alimentando la confianza [en] un acercamiento”. Sólo que el gesto
    seminal de liberar a Los Cinco se echaba de menos.

    Los Castro se acordaron entonces de que un judío despistado montaba
    dispositivos de Internet satelital en un país donde está prohibido
    vender mimeógrafos. Alan Gross cayó en el jamo de la Seguridad del
    Estado el 3 de diciembre de 2009. Desde Washington llovieron las
    exigencias de liberarlo. Hasta el asesor de Seguridad Nacional, general
    Jim Jones, aprovechó una visita del cardenal Jaime Ortega a Estados
    Unidos para enviar, el 4 de agosto de 2010, el recado de que Gross debía
    ser liberado ya, pero el 12 de marzo de 2011 un tribunal cubano descargó
    15 años de cárcel sobre el instalador de sueños de la USAID.

    El diálogo

    El 26 de julio de 2010, Fidel Castro dio una tertulia vespertina en el
    Memorial José Martí y respondió así a una pregunta del pastor por la paz
    Lucius Walker sobre Los Cinco: “Yo creo ahora más que nunca que están
    más cerca de que los suelten. El fin de año pueden preparar ya lo que
    haya, vamos a ver cómo se reparte lo que haya (…) Yo se lo puedo decir
    [y] me responsabilizo con decírselo a la familia”.

    La saga de Kornbluh y LeoGrande aclara por qué Castro cometió semejante
    desliz. Al confluir Estados Unidos y Cuba en los esfuerzos por ayudar a
    Haití tras el terremoto del 12 de enero de 2010, la Secretaria de Estado
    Hillary Clinton mandó a su jefa de despacho, Cheryl Mills, junto con la
    subsecretaria asistente para asuntos del hemisferio occidental, Julissa
    Reynoso, a dialogar con funcionarios cubanos sobre Gross y Los Cinco.

    El diálogo principió en restaurantes de Port-au-Prince y prosiguió en
    bares del este de Manhattan y hasta en la cafetería de un hotel en Santo
    Domingo. Los cubanos empezaron pidiendo mejorar el trato carcelario a
    Los Cinco y terminaron plantados en el canje por Gross. Washington se
    negó, pero los países latinoamericanos forzaron a repensar el caso con
    la presión que ejercieron en la VI Cumbre de las Américas (2012) para
    que Washington normalizara relaciones con La Habana.

    En abril de 2013 Obama escogió a los asesores del Consejo de Seguridad
    Nacional Ricardo Zúñiga y Benjamín Rhodes para negociar en secreto. Cabe
    recordar que ese mismo mes empezaron a visitar Estados Unidos
    disidentes, favorecidos por la reforma migratoria que Raúl Castro puso
    en vigor en enero de ese año. Esos disidentes se permitieron incluso
    hasta respaldar el embargo y regresar a Cuba sin que las autoridades les
    aplicaran la Ley 88 de Protección de la Independencia Nacional y la
    Economía de Cuba, vigente desde 1999.

    Entretanto Rhodes y Zúñiga empezaron a reunirse con funcionarios de
    Castro y lo hicieron nueve veces en año y medio. El gobierno de Canadá
    contribuyó al secreto propiciando reuniones en Ottawa y Toronto. La pita
    se enredó hacia enero de 2014, al rechazar la parte cubana que Gross
    saliera por razones humanitarias y los tres espías aún penitentes de la
    Red Avispa se canjearan por Rolando Sarraff Trujillo. Kornbluh y
    LeoGrande se tragan la historia de Obama sobre “Roly” como “uno de los
    agentes de inteligencia más importantes de Estados Unidos en Cuba”, pero
    hay indicios racionales de que más bien sirvió como relleno para
    equilibrar el canje.

    Cabildeo de bolsillo propio

    El jet set de la disidencia debería aprender no sólo que sus giras por
    Latinoamérica son políticamente infructuosas, sino también que la labor
    de persuasión política en Estados Unidos no estriba en alardear por
    televisión y radio, salir en los periódicos, largar teques ante comité
    del Senado y conversar y tirarse fotos con Biden u Obama.

    En octubre de 2012, el multimillonario Tim Gill y su parigual de origen
    cubano Patty Ebrahimi acordaron, en el bar-cafetería del hotel Saratoga
    de La Habana, tocar con limón las claves de solución del diferendo
    Cuba-USA. Ebrahimi invirtió un millón de su peculio por los canales que
    indicó la firma cabildera Trimpa Group tras auscultar al animal político
    en Washington y diagnosticar que propendía a cambiar la política hacia
    Cuba. Sólo había que dar un empujoncito.

    El 19 de mayo de 2014, una coalición de gestores de fondos (Ford
    Foundation, Atlantic Philanthropies, Christopher Reynolds), políticas
    (Washington Office on Latin America, Center for Democracy in the
    Americas, Latin America Working Group) y reflexiones (Brookings, Council
    of the Americas) puso sobre el tapete la Carta de los 40 ó 46, que
    sobrepuja toda la correspondencia anticastrista de antes y después por
    la sencilla razón de tener detrás fuerza e intereses resueltos luego de
    más de medio siglo de fiascos, pamplinas y meras esperanzas. Ese mismo
    día, la Cámara de Comercio de EstadosUnidos anunció que su presidente,
    Tom Donohue, iría con una delegación a Cuba. En este caballo se montaría
    hasta The New York Times con la ristra de editoriales “Cuba: A New Start”.

    Deus ex machina

    Además de que no hay que armar circo mediático para hacer buena labor
    política, como demuestra Ebrahimi, otra lección que podría sacar la
    disidencia es que de nada vale ser recibido en audiencia y aun
    fotografiarse con el vicario de Jesucristo si los temas no tienen agarre
    terrenal.

    Hacia septiembre de 2013, sin saber en qué andaba Obama, el senador Dick
    Durbin (D-IL) potenció su gestión de acomodo entre Washington y La
    Habana con esta sugerencia a la asesora Rice: What about getting the new
    pope involved? El jefe de despacho de Obama pidió a su amigo Theodore
    McCarrick, cardenal y arzobispo emérito de Washington, que embullara al
    Papa Francisco; el senador Patrick Leahy (D-VT) mandó recado similar al
    cardenal Ortega y el cardenal Seán O’Malley, arzobispo de Boston,
    completó el trío que propició a Obama discutir, el 27 de marzo de 2014
    en la biblioteca privada del Papa, los casos y cosas de casa Cuba.

    Para el 18 de agosto de 2014, el cardenal Ortega entraba a la Casa
    Blanca —sin asentarse siquiera en el registro de visitantes— y entregaba
    a Obama, en el patio adyacente a la rosadela (Rose Garden), la carta
    papal con instancia a resolver las “cuestiones humanitarias de mutuo
    interés, incluida la situación de ciertos presos, para principiar una
    nueva fase en las relaciones [Cuba-USA]”. Ya había entregado misiva
    similar a Raúl Castro.

    Quinteto de cuerdas congresionales

    Sin saber de la negociación secreta de la Casa Blanca, la oficina del
    senador Pat Leahy fechó el 7 de febrero de 2014 un memo de 10 páginas
    elaborado con Greg Craig, ex consejero legal de la Casa Blanca, sobre
    las opciones para excarcelar a Gross y salir del atolladero en la
    política hacia Cuba. A tales efectos, Leahy, Durbin, el senador Carl
    Levin (D-MI) y los representantes Chris Van Hollen (D-MD) y Jim McGovern
    (D-MA) se reunieron el 1 de mayo de 2014 con Obama, Biden y Rice.

    McGovern le recordó al presidente: “You said you were going to do this.
    Let’s just do it!” Obama repuso que andaba en eso, pero se guardó de
    revelar las reuniones en curso con funcionarios cubanos.

    Estos últimos sonaron alarma roja a principios de junio de 2014 con que
    Gross iba a suicidarse tras la muerte anunciada de su madre gravemente
    enferma. John Kerry propuso dejar que el preso visitara a su madre
    moribunda y ofreció hasta un grillete electrónico para que la Seguridad
    del Estado monitoreara sus movimientos. Cuba no mordió la propuesta y
    Evelyn Gross falleció el 18 de junio de 2014. Entonces Kerry espetó al
    canciller cubano Bruno Rodríguez que si algo malo pasaba con Gross, el
    chance de mejorar las relaciones se perdería sin remedio.

    Al cumplirse el quinto año del arresto de Gross, su esposa Judy pidió
    enfáticamente a Obama que acabara de resolver el caso. Trece días más
    tarde, Obama llamó a Raúl Castro.

    Mientras, hasta en fecha tan cercana al anuncio de la negociación como
    el 12 de noviembre de 2014, se podían leer en los medios digitales y
    periódicos dedicados al tema cubano, pronósticos sobre la relación
    bilateral y exámenes del paisaje postelectoral en Estados Unidos que
    dictaminaban cosas como estas:

    – La demanda de que [Obama] haga uso de su poder ejecutivo, tanto para
    flexibilizar su implementación[del embargo] como para sacar a la isla de
    la lista de países terroristas, es ahora mucho más costosa y por ello
    poco probable.
    – Para Obama es políticamente impagable acceder a canjearlo [a Gross]
    por los espías cubanos, porque (…) sería una bofetada al actual Congreso
    [y] también al Poder Judicial, con el que el presidente Obama tampoco
    desearía enemistarse por un tema tan irrelevante.
    – Una campaña internacional presionando el canje de sus espías presos en
    Estados Unidos por el señor Gross no tendría mayor posibilidad de éxito
    que la auspiciada por la URSS en favor del matrimonio Rosemberg (sic).
    – La detención y condena de Gross fue el recurso bien calibrado (…) para
    bloquear la ofensiva de paz de Obama [y] una clara señal de que no hay
    interés real en lograr una distensión significativa con Estados Unidos.

    Esta espléndida amalgama de miopía política y predicciones desacertadas
    gravita sobre la capacitación de disidentes cubanos que sigue teniendo
    lugar en (desde) el exilio, a pesar de las lecciones del 17 de
    diciembre. Lo peor es que la disidencia ni tiene capacitadores
    responsables en Miami y menos aún intelectuales orgánicos que enseñen,
    como premisa insoslayable, que para enfrentar el castrismo hay que
    comprender primero por qué no deja de vencer.

    Source: La saga de Back Channel to Cuba: Lecciones para negociar el
    futuro | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/25389-la-saga-de-back-channel-to-cuba-lecciones-para-negociar-el-futuro/

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