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    Cubanos ¿Cómo no querer emigrar?

    Cubanos: ¿Cómo no querer emigrar?
    Por Juan Carlos Linares Balmaseda/ HABLEMOS PRESS.

    LA HABANA.- Cada 14 años y medio, como promedio, ocurre un éxodo hacia
    la Meca de los cubanos: los Estados Unidos de América. En septiembre de
    1965 ocurrió el de Puerto de Camarioca; en abril de 1980, el del Puerto
    de Mariel; en agosto de 1994, la crisis de los balseros, y por último,
    desde 2009, la creciente migración de cubanos por tierras de Suramérica
    y Centroamérica.
    El 28 de septiembre de 1965, Fidel Castro anunció que el puerto de
    Camarioca estaba abierto a todos los emigrados que quisieran venir a
    buscar a sus familiares. En pocos días se marcharon 5.183 cubanos, y de
    ellos la mitad fue transportada en barcos arrendados por el gobierno
    estadounidense. El 15 de noviembre terminaba el éxodo con el acuerdo
    entre Castro y la administración del demócrata Lyndon B. Johnson y se
    iniciaban los denominados “vuelos de la libertad”, los que comenzaron el
    1 de diciembre de 1965.
    Debían efectuarse dos veces al día, cinco días a la semana,
    extendiéndose hasta abril de 1973, cuando el presidente Richard Nixon
    los canceló. Por esta vía emigraron 260.561 cubanos.
    Catorce años más tarde, el 15 de abril de 1980, comienzan a arribar
    cubanos a Miami, procedentes del puerto de Mariel. El presidente
    demócrata Jimmy Carter, en una conferencia de prensa declaró:
    “Seguiremos teniendo el corazón y los brazos abiertos (refiriéndose a
    los cubanos)”. Y el 26 de septiembre de 1980, quedando atracados 150
    barcos en la bahía del Mariel en espera de pasajeros, el gobierno de
    Cuba les da la orden de que abandonen el territorio nacional. Así
    concluye oficialmente el éxodo del Mariel, con un saldo de 125.000
    cubanos menos en el país.
    Carter sería catalogado de indeciso, mientras Fidel Castro se jactaba de
    haber “asestado otro golpe al imperio”. Robert Pastor, consejero para
    los asuntos cubanos en la administración Carter, advertiría:
    “Desgraciadamente, una democracia siempre está en desventaja cuando un
    régimen totalitario decide hacer algo como esto”. Meses después, se
    instauraron las Secciones de Intereses en La Habana y en Washington.
    Tres años antes, en 1977, ambos gobiernos habían negociado acuerdos
    sobre: las aguas territoriales y los derechos de pesca; que Estados
    Unidos acogería a más de 3.000 ex presos políticos puestos en libertad
    por Castro, y nacía la posibilidad de que los cubanos emigrados en
    Estados Unidos visitaran a sus familias en Cuba, fenómeno conocido como
    La Comunidad, que influiría, sociológicamente, en el posterior éxodo del
    Mariel.
    Pasaron catorce años y otra tragedia cristalizó la historia de Cuba: el
    hundimiento del remolcador Trece de Marzo, y los posteriores disturbios
    conocidos como El Maleconazo del 13 de agosto de 1994. Fidel Castro
    retira a sus guardacostas y comienza la estampida de balseros, los que
    son interceptados por la armada norteamericana en alta mar y trasladados
    a refugios seguros. A la Base Naval de Guantánamo arribaron 32.362
    balseros y 8.000 a territorio de Panamá. Se estima que la manutención de
    los cubanos en Guantánamo superaba el 1 millón de dólares diario.
    Más de 35.000 cubanos huirían de la Isla en menos de dos meses, a bordo
    de balsas y embarcaciones artesanales, fenómeno denominado como “la
    crisis de los balseros”, y que hizo cambiar la política migratoria a la
    administración del demócrata Bill Clinton, instrumentándose la solución
    “pies secos, pies mojados”, que negaría la entrada al país a quienes
    fueran interceptados en el mar. La medida contuvo el éxodo masivo en su
    momento, pero no la llegada continua de balseros a territorio
    estadounidense.
    Se acordó un sorteo de visas sólo para cubanos, en el que Estados Unidos
    otorgaba más de 20.000 visas cada año a Cuba. La parte cubana solicitaba
    que fueran 50 visados. En la convocatoria del sorteo realizado en 1994,
    se inscribieron 189.000 cubanos para emigrar. En el de 1996: 433.000. Y
    en 1998: 541.000, último que permitió el gobierno de Cuba.
    El Maleconazo, catalogado como una de las violentas protestas populares
    espontáneas desde 1959, fue consecuencia del complejo contexto social,
    económico y político, debido al fin de los subsidios de la antigua Unión
    Soviética, al hambre y al creciente descontento popular. La única
    esperanza era abandonar el país.
    A catorce años del éxodo de la Crisis de los Balseros, Cuba flexibiliza
    su política migratoria, permitiendo que los cubanos puedan viajar al
    extranjero por su cuenta. Así entra en escena una nueva estrategia
    colectiva de abandonar el país. En 2008, Ecuador cambia su constitución
    y elimina la necesidad de visado para entrar a su territorio. Siendo
    aprovechado por los cubanos, que tomaron ese país como zona de tránsito
    para cruzar las peligrosas selvas de Suramérica y Centroamérica,
    viéndose en la necesidad de entablar contacto con bandas criminales del
    narco, de traficantes de personas, militares extorsionistas, etc.
    Los cruces de fronterizos por países del centro y el sur de América,
    fueron incrementando las estadísticas. Los nombres de cubanos que
    cruzan, cada año fiscal, han ido de 5 316 en 2011 a 10 315 en 2012, 11
    932 en 2013 y 17 459 en 2014. Para 2015 se habla de más de 50 mil,
    incluidos los que andan dispersos por dichas zonas. En los últimos cinco
    años, Estado Unidos otorgó 120 mil visas de no emigrantes y 100 mil
    documentos de salida definitiva a cubanos.
    El contexto cubano sigue siendo de hambre y descontento, incluso no
    faltan quienes ven la actual situación, tan compleja como la que provocó
    el Maleconazo, con una gerontocracia más envejecida y reacia a
    democratizar el país; menos productividad económica nacional; mayor
    decepción popular a consecuencia de los bajos resultados obtenidos con
    los vínculos entre Cuba y Estados Unidos; incertidumbre popular ante la
    derogación de la Ley de Ajuste Cubano, única vía expedita hacia la
    libertad; un candidato de origen cubano camino a la Casa Blanca,
    anunciando echar atrás la política de la administración Obama respecto a
    Cuba, y Venezuela, que es el sustento económico del castrismo, en franco
    desmoronamiento…
    Con esos truenos cayendo, no se puede dejar de pensar en un incremento
    de la presión social, y por consiguiente en posibles disturbios
    sociales, con la respectiva respuesta gubernamental, la aplicación de la
    Ley 88, y hasta súmesele algún que otro fusilado. Entonces, en tal
    contexto ¿cómo no querer emigrar?

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